La Viñeta (LXVII): El Gremlin y La Madre Piedra

ravello

– Mamá, te quiero aunque tu corazón sea de piedra.

Nota: Es probable que junto a la escultura pusiera “no tocar”, pero juro que tuve cuidado y que no usé flash. Palabrita.

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Diccionario Enciclopédico para Padres Primerizos (XX): PARQUE DE BOLAS

PARQUE DE BOLAS:

Dícese del oasis en mitad de la ciudad donde los niños son felices en fracciones de tiempo múltiplos de una hora mientras sus padres aguardan fuera siendo más felices aún. Se trata de un claro win-win en el que, entre tanta felicidad, además hay un tercero haciendo negocio.
Nivel de dificultad:

Acceso: La mayor dificultad de un parque de bolas radica en intentar “colar” a un churumbel que no ha cumplido la edad reglamentaria. El padre o tutor, apostado en la cola de la taquilla, observará al resto de criaturas con la misma sensación que le invadía en su día (cuando aún viajaba) en la cola de embarque de Ryanair al contemplar el resto de maletas: “si a ése le dejan pasar con “eso”, yo también paso con “lo mío”, como que me llamo Pedro Luis, ¡hombre!”.

En este punto, queridos Pedro Luises del mundo, es conveniente recordar que JAMÁS, repito JAMÁS, se debe instar a un hijo pequeño a mentir sobre su edad. Dejando a un lado las consideraciones éticas para quien tenga ética, a efectos prácticos este tipo de argucias nunca funcionan. Nos exponemos a teñir nuestras adultas mejillas de rojo cuando nuestro vástago, visiblemente contrariado, haga el símbolo de la victoria con la manita en un sincero “Noooo, mamá, yo no tengo tres, tengo DOS”. Y aún es posible que apostille “¡Y mi hermanita tiene uno!”.

Nivel de peligrosidad:

Control de esfínteres: Entrar en un parque de bolas es como montar en coche: hay que hacer pis ANTES. Si olvidamos esta sencilla regla, podría suceder que desde lo alto del parque de bolas, en ése lugar desde el que hay que atravesar un puente tibetano, esquivar media docena de sacos de boxeo, arrastrarse por un túnel , cruzar las brasas de la hoguera de San Juan, lanzarse por dos loopings sin casco y jugarse el cuello en un tobogán de doble tirabuzón para llegar a tierra, nuestro hijo se agarre los huevecillos a dos manos y grite a pleno pulmón: ¡MAMÁ TENGO PIIIIIIIS! Es probable que, incluso habiendo hecho pis previamente, vuestro hijo también grite ¡MAMÁ TENGO PIIIIS! desde su inaccesible atalaya. Y lo hará con ése politono angustioso del que sólo tú reconoces el grado de inminencia. Llegado este punto, sólo queda agarrarse al Cristo de las Tres Caídas y rezar. Rezar para que, al menos, el chorrillo sea suficiente como para apagar las brasas de la hoguera de San Juan y que tu niño no se queme los pies.

“Los Otros”: Los Otros son esos niños felices cuyos padres, más felices aún, han tenido la misma idea que tú. Los Otros suelen ser niños altos y desgarbados, que empujan a tu inocente criatura, se le cuelan en el tobogán, y, con toda seguridad, acaben contagiándole la rabia de un mordisco (porque no cabe duda de que esos niños salvajes no pueden estar vacunados). Los Otros son esos niños felices cuyos padres, más felices aún, se están tomando una sepia en el bar de la esquina o comprándose unos zapatos en las rebajas mientras tú no puedes quitar el ojo de encima a tu niño, tu niño el que está a punto de soltar el Mississippi por el tobogán de doble tirabuzón. Los Otros son tus hijos de aquí a cuatro o cinco años, pero ahora los odias. Y a sus padres, los come-sepias, los odias mucho más.

Sinónimo: Oasis parental.

Contexto en el que puede ser empleado el término:

– Disculpe, esto que anuncian de la tarifa plana en el parque de bolas… ¿incluye pernoctación?

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La Viñeta (LXVI): Muerte gafapasta

gafa

¿Y ahora qué hacemos, papá?

Esta pregunta -con pronunciación hassemossss– es la más empleada por El Gremlin en los últimos tiempos. Concretamente desde que nos mudamos de casa y observó con desazón que todos los muebles habían cambiado de lugar.

¿Y ahora qué hacemos? Es también lo que debió preguntarse el Padre Gremlin ayer, cuando, víctima de un biberonazo a traición por parte de La Tamagochi, notó que el puente de sus gafas se partía en dos.

No, ya hemos probado el loctite y no funciona.

Y aunque en la DGT no pueden conducir por nosotros, afortunadamente sí que pueden obligarnos a llevar un par de repuesto en la guantera. Volvemos al look 2000. Viva el metal y el “rectángulo estrechito” ¡viva!

La Tamagochi, mientras, se ríe en un rincón de todos nosotros. Pero esta se la guardamos.  La venganza en plato frío será terrible.

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La Viñeta (LXV): La borla es bella

 

 

Me dicen que ponga esto antes de empezar: Post no patrocinado que si gano será bien remunerado. Ata Arróspide regala su libro dedicado a quién le haga la crítica más demoledora y divertida. Con un par.

Y yo obedezco, for if the flies, con otro par, de borlas.

nosoynono

El Gremlin presenta… ¡el marcapáginas borla!
El último grito en Ferias del Libro de bien.

Me gustan las borlas, por lo rumbosas. El nido de abeja o punto panal, los bodoques y el piqué. La Tamagochi de rosa y El Gremlin de azul. Y ¡auch, esto va a doler! los bodies blancos e inmaculados. No es #postureo, #gremlinwearsleotardos ha llegado a ser un hashtag de éxito en mi TL. Quien conoce a mis criaturas puede dar fe de mi estilo neoclásico en vestir infantes, y para los que no, os dejo un ilustrativo post de hace un año que atestigua mi dominio del tema.

Sin embargo, y como sabiamente dice mi madre “yo soy demócrata de toda la vida y tolerante con quien me da la gana”. Si algún amigo gusta de llevar a su hijo como el payaso de Micolor, no le escupo ni le torturo. Incluso soy capaz de sobreponerme a la roncha y llevarle al hospital un chaleco reflectante de primera puesta. Con unas mini Reebok a juego. Fosforitas y a ser posible con remaches en charol. Muy macarras y nada ñoñas. Y tan felices todos.

Todo esto, unido a mi naturaleza esquizoide, me lleva a mi relación de amor-odio con Noñoño y sus fundadores. Un asturiano y una sueca que fabrican ropa “molona” para bebés (ojito porque el concepto “molón” se nos ha ido ya un poquito de las manos y vaya vd a saber lo que significa) y a partir de la cual (o al revés) han publicado un libro anti-ñoñería para padres al amparo de la editorial Planeta. Con lo buenas que eran sus enciclopedias… hay que ver lo que ha perdido Planeta con la era digital.

body-visteme

Igual este body, que tiene bastante zona blanquita, no causaría atopía en la piel de mis niños. Lo pensaré.

Y a estos señores, que de marketing saben un huevo y por eso ya son ricos y se van a vivir a Miami, se les ha ocurrido hacer un concurso cuyo objeto es que la gente les critique. Con la ayuda inestimable de una publicista mexicana que vive en León y cuyo sueño es cantar en Las Ventas. Lo sé, lo sé. Criaturicas. Eso sí, las criaturicas han engañado a Chicco para que les suelte tres cheques de 600€ en producto entre los posts que les pongan a caldo.

Vamos, que si yo, amante fiel de la capota y defensora acérrima de la camisa de batista, no concurso, es para darme de leches. Señores, esto no es participar en un sorteo, esto es un ejercicio de coherencia.

PD: Sí, la foto de la viñeta está hecha sobre la taza del wáter también conocido como El Refugio Secreto (capítulo cuarto). Si queréis saber por qué, aquí la respuesta.

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De churras, merinas y madres blogueras.

Empieza a ser tradición que al llegar junio y los calores, a las madres blogueras de este país nos dé por reunirnos en masa. Si bien lo del año pasado fue una juerga nocturna de cincuenta mujeres con el objetivo último de conocerse en formato carne, darse dos besos apretaos y tomarse unos GTs (y unos churros en San Ginés), este año la cosa se ha puesto seria.

El pasado sábado YoDona y Madresfera reunieron a 300 madres blogueras en El Matadero de Madrid para celebrar una jornada con charlas, mesas redondas y talleres prácticos. Entre las ponentes, lo más granao de la maternidad bloguera y lo mejor de cada casa, como Mónica y Laura, a las que quiero destacar no por amigas, que también, sino porque con sus intervenciones triunfaron más que la Coca-Cola (y esto es literal). También dos orejas y ovación para el trío calavera Madresférico por el trabajazo y el cariño.

La resaca del evento (pese a que puedo confirmaros que no hubo cola en la barra a la hora de las copas) aún dura en Twitter y es mayor aún en los blogs y sus comentarios (van 74 posts recopilados en la web de Madresfera). La sensación general es muy buena aunque nunca llueve a gusto de todos.

Gracias a Dios.

Porque si después de reunir a trescientas señoras –señoras que van a eventos mother blogger– todas hubiéramos salido de allí agarraditas del brazo, las mujeres españolas habríamos dado un salto evolutivo con grave impacto social difícil de asumir. Mejor lo dejamos así que no está el país para experimentos. Ni para más lluvia.

Hoy al Gremlin le han dado más de las doce así que me voy a mojar.

Abrir un blog es fácil y gratis. Y por lo que se ve, ser madre es una experiencia personal suficiente como para moverte a escribir sobre ello y querer compartirlo. La mayoría de los blogs surgen al amparo de una expresión tan sobada como cierta: “sin más pretensiones que…“. Otros blogs, además de por aquello de la válvula de escape, nacen con una vocación clara de profesionalizarse en algún sector, llámese ocio infantil, arts&crafts, repostería maleni y otros inventos del demonio la vida moderna.

La cosa se anima cuando aparecen los terceros en discordia: las marcas. Léase con entonación pertinente:

– “Comarcaaaaaaaaa…. Bolsóooooooon”.

– “Las marcaaaaaaaaaaaaas… La Bolsaaaaaaa”.

¡Un post patrocinado! ¡Mi tesoroooo!

¡Un post patrocinado!
¡Mi tesoroooo!

Ahí empieza el lío. Por que se dice… se comenta… que a “Mamá es Feliz y Come Regaliz” le han pagado cinco mil de los antiguos duros por escribir un post sobre una app que calienta biberones por wifi. Y que a “La Madre del Cordero” le han invitado a comer un ídem por ir a una charla sobre la insoportable levedad de ser mujer.

Y hombre, pues yo también quiero. Porque aunque no tengo más pretensiones que divertirme con el blog, si me regalan cinco mil duros o me invitan a comer cordero, es probable que me divierta muchísimo más. Dónde va a parar.

Si a esto le sumamos un contexto de crisis económica y esa idea que nos vendió un gurú con muy mala leche de que hoy en día lo molón es hacer pasta a través de internet, tenemos el chocolate del loro en versión fondant.

¿Oportunidades? El sábado alguna meiga nos explicó que haberlas haylas. Y ojalá hubiera muchas más, pero creo que aún queda mucho trabajo (porque a esos niveles hablamos de trabajo, no de hobby) para que podamos generalizar con palabras tan contundentes como “prescriptor”, “influencer” o “poder”.

No confundamos las churras con las merinas. Que luego pasa lo que pasa con los corderos.

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BOTICARIA GARCÍA: El blog medio serio de la madre del Gremlin

Queridos todos,

Como muchos sabéis, la madre del Gremlin, en sus ratos libres, es boticaria y se dedica hacer cosas medio serias.

boticaria garcia logo (2)

Enfundada en mi bata de cola (blanca) y saliendo a la palestra cada día (y algunas noches, que las guardias puntúan doble) he comprobado que la mayoría de la gente tiene las mismas dudas sobre los mismos temas. ¡Ah! Y que los mitos, leyendas y consejos de la vecina, suelen tener mejor aceptación que la llamada “evidencia científica”.

Hoy en día, “la vecina” ha evolucionado mucho. Ha adelgazado hasta convertirse en etérea y tiene un nombre muy raro: “internet”. Si la frase “es que lo he leído en internet” ya te pone en alerta cual lemur en la pradera, aquello de “es que lo he leído en un foro” provoca la roncha súbita. Porque en internet puede escribir cualquier indocumentado y resultar convincente. Hasta la madre de un Gremlin, no digo más.

Así pues, desde hoy tengo un blog medio serio para hablar “de salud, nutrición y otras pócimas”. Y digo medio serio porque intentaré quedarme a mitad de camino entre el soporífero jeroglífico de jerga médica y el “sucedido” de la prima de Sheyla_77. Veremos lo que sale.

boticaria banner

Para arrancar, cinco secciones:

De todo como en botica: Patologías surtidas, promoción de la salud,  breaking news y alertas fatales

El Bálsamo de Fierabrás: Compendio de antídotos, brebajes, ungüentos y elixires de juventud varios.

La Oficina del Estómago: Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago (El Quijote, capítulo XLIII)

Pequebotica: Información en dosis pediátrica. Porque todos somos primerizos hasta que se demuestre lo contrario.

El Im-Paciente: Sucedidos de carácter peripatético. Dislates en general.

Agradecimientos, hasta el infinito y más, al artista de mi tío Migue por diseñar la cabecera (no sólo por su arte, sino también por su paciencia y cariño, soy consciente de lo cansina que puedo llegar a ser), a todos los que habéis estado ya en la rebotica por el apoyo(especialmente a Mónica que lleva un año haciendo de Pepito Grillo), y por supuesto, al Padre Gremlin, por luchar contra la máquina hasta dejarme todo apañado y, fundamentalmente, por no mandarme a la porra con el segundo blog.

Un beso a todos,

Madre Gremlin/Boticaria García

PD: Por si hay algún malpensado, el blog del Gremlin no se cierra. Ni de coña.

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La Viñeta (LXIV): El Gremlin y Mercadona

mercadona

No me gusta Mercadona. Ya, ya se que ellos lo hacen por mi bien. Por si acaso me confundo, ya están ellos para elegir los productos que más me convienen. Siempre a precios bajos. Y agradezco sinceramente su preocupación, pero yo prefiero que no me quieran tanto. Soy así de arisca, qué le vamos a hacer.

No, no crean ustedes que les cogí tirria por aquel asunto de las cremitas aliñadas con guarrerías, no. Resulta que tengo motivos más que sobrados para pensar que también introducen droga en la comida. Yo misma confieso una preocupante adicción a sus cereales rellenos de chocolate desde aquella tarde en la que una prima de mi marido y yo nos bajamos una caja entera al volver de esquiar. Mano a mano, sin querer. Una cosa es que las mujeres necesitemos glucosa para arreglar el mundo y otra mutar en rumiante de noche a la mañana.

Esta tarde tocaba reponer las reservas federales y para suavizar el trance me he llevado al Gremlin. Le he montado en el carrito y nada más cruzar la puerta ha repetido cual guacamayo esa cancion del infierno que suena por megafonía. No sólo la ha repetido, sino que la ha interiorizado como un mantra.

A partir de ahí, el recorrido ha sido bucólico pastoril, con el Gremlin extasiado comentando cada lineal y añadiendo frases indescriptibles como “mamá, compra fresas que son rojas y preciosas”,  “por favor coge agua para el biberon de la Tamagochi”, “no, no quiero gusanitos pero compra sopita”.

Al llegar a la caja, sentado desde el carro de la compra, ha ayudado a colocar los artículos sobre la cinta y, tras despedirse efusivamente de todo el personal, ha salido por la puerta tal y como entró, tarareando la alienante cancion.

Ni en el zoo, ni en el teatro, ni siquiera con la impresentable de Dora, he visto a mi hijo disfrutar tanto como hoy en el Mercadona. Y mucho menos portarse tan bien. Olvidaos de los Saturday Morning Plans porque a partir de ahora lo tengo claro. Lástima que con esas estupendas políticas de conciliación no abran los domingos.

Confirmada queda pues mi hipótesis sobre que en Mercadona meten droga en las cosas. Hasta en el aire que se respira. No se libran ni los niños. Id con cuidado.

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