La Viñeta (LXV): La borla es bella

 

 

Me dicen que ponga esto antes de empezar: Post no patrocinado que si gano será bien remunerado. Ata Arróspide regala su libro dedicado a quién le haga la crítica más demoledora y divertida. Con un par.

Y yo obedezco, for if the flies, con otro par, de borlas.

nosoynono

El Gremlin presenta… ¡el marcapáginas borla!
El último grito en Ferias del Libro de bien.

Me gustan las borlas, por lo rumbosas. El nido de abeja o punto panal, los bodoques y el piqué. La Tamagochi de rosa y El Gremlin de azul. Y ¡auch, esto va a doler! los bodies blancos e inmaculados. No es #postureo, #gremlinwearsleotardos ha llegado a ser un hashtag de éxito en mi TL. Quien conoce a mis criaturas puede dar fe de mi estilo neoclásico en vestir infantes, y para los que no, os dejo un ilustrativo post de hace un año que atestigua mi dominio del tema.

Sin embargo, y como sabiamente dice mi madre «yo soy demócrata de toda la vida y tolerante con quien me da la gana». Si algún amigo gusta de llevar a su hijo como el payaso de Micolor, no le escupo ni le torturo. Incluso soy capaz de sobreponerme a la roncha y llevarle al hospital un chaleco reflectante de primera puesta. Con unas mini Reebok a juego. Fosforitas y a ser posible con remaches en charol. Muy macarras y nada ñoñas. Y tan felices todos.

Todo esto, unido a mi naturaleza esquizoide, me lleva a mi relación de amor-odio con Noñoño y sus fundadores. Un asturiano y una sueca que fabrican ropa «molona» para bebés (ojito porque el concepto «molón» se nos ha ido ya un poquito de las manos y vaya vd a saber lo que significa) y a partir de la cual (o al revés) han publicado un libro anti-ñoñería para padres al amparo de la editorial Planeta. Con lo buenas que eran sus enciclopedias… hay que ver lo que ha perdido Planeta con la era digital.

body-visteme

Igual este body, que tiene bastante zona blanquita, no causaría atopía en la piel de mis niños. Lo pensaré.

Y a estos señores, que de marketing saben un huevo y por eso ya son ricos y se van a vivir a Miami, se les ha ocurrido hacer un concurso cuyo objeto es que la gente les critique. Con la ayuda inestimable de una publicista mexicana que vive en León y cuyo sueño es cantar en Las Ventas. Lo sé, lo sé. Criaturicas. Eso sí, las criaturicas han engañado a Chicco para que les suelte tres cheques de 600€ en producto entre los posts que les pongan a caldo.

Vamos, que si yo, amante fiel de la capota y defensora acérrima de la camisa de batista, no concurso, es para darme de leches. Señores, esto no es participar en un sorteo, esto es un ejercicio de coherencia.

PD: Sí, la foto de la viñeta está hecha sobre la taza del wáter también conocido como El Refugio Secreto (capítulo cuarto). Si queréis saber por qué, aquí la respuesta.

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De churras, merinas y madres blogueras.

Empieza a ser tradición que al llegar junio y los calores, a las madres blogueras de este país nos dé por reunirnos en masa. Si bien lo del año pasado fue una juerga nocturna de cincuenta mujeres con el objetivo último de conocerse en formato carne, darse dos besos apretaos y tomarse unos GTs (y unos churros en San Ginés), este año la cosa se ha puesto seria.

El pasado sábado YoDona y Madresfera reunieron a 300 madres blogueras en El Matadero de Madrid para celebrar una jornada con charlas, mesas redondas y talleres prácticos. Entre las ponentes, lo más granao de la maternidad bloguera y lo mejor de cada casa, como Mónica y Laura, a las que quiero destacar no por amigas, que también, sino porque con sus intervenciones triunfaron más que la Coca-Cola (y esto es literal). También dos orejas y ovación para el trío calavera Madresférico por el trabajazo y el cariño.

La resaca del evento (pese a que puedo confirmaros que no hubo cola en la barra a la hora de las copas) aún dura en Twitter y es mayor aún en los blogs y sus comentarios (van 74 posts recopilados en la web de Madresfera). La sensación general es muy buena aunque nunca llueve a gusto de todos.

Gracias a Dios.

Porque si después de reunir a trescientas señoras –señoras que van a eventos mother blogger– todas hubiéramos salido de allí agarraditas del brazo, las mujeres españolas habríamos dado un salto evolutivo con grave impacto social difícil de asumir. Mejor lo dejamos así que no está el país para experimentos. Ni para más lluvia.

Hoy al Gremlin le han dado más de las doce así que me voy a mojar.

Abrir un blog es fácil y gratis. Y por lo que se ve, ser madre es una experiencia personal suficiente como para moverte a escribir sobre ello y querer compartirlo. La mayoría de los blogs surgen al amparo de una expresión tan sobada como cierta: «sin más pretensiones que…«. Otros blogs, además de por aquello de la válvula de escape, nacen con una vocación clara de profesionalizarse en algún sector, llámese ocio infantil, arts&crafts, repostería maleni y otros inventos del demonio la vida moderna.

La cosa se anima cuando aparecen los terceros en discordia: las marcas. Léase con entonación pertinente:

– «Comarcaaaaaaaaa…. Bolsóooooooon».

– «Las marcaaaaaaaaaaaaas… La Bolsaaaaaaa».

¡Un post patrocinado! ¡Mi tesoroooo!

¡Un post patrocinado!
¡Mi tesoroooo!

Ahí empieza el lío. Por que se dice… se comenta… que a «Mamá es Feliz y Come Regaliz» le han pagado cinco mil de los antiguos duros por escribir un post sobre una app que calienta biberones por wifi. Y que a «La Madre del Cordero» le han invitado a comer un ídem por ir a una charla sobre la insoportable levedad de ser mujer.

Y hombre, pues yo también quiero. Porque aunque no tengo más pretensiones que divertirme con el blog, si me regalan cinco mil duros o me invitan a comer cordero, es probable que me divierta muchísimo más. Dónde va a parar.

Si a esto le sumamos un contexto de crisis económica y esa idea que nos vendió un gurú con muy mala leche de que hoy en día lo molón es hacer pasta a través de internet, tenemos el chocolate del loro en versión fondant.

¿Oportunidades? El sábado alguna meiga nos explicó que haberlas haylas. Y ojalá hubiera muchas más, pero creo que aún queda mucho trabajo (porque a esos niveles hablamos de trabajo, no de hobby) para que podamos generalizar con palabras tan contundentes como «prescriptor», «influencer» o «poder».

No confundamos las churras con las merinas. Que luego pasa lo que pasa con los corderos.

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BOTICARIA GARCÍA: El blog medio serio de la madre del Gremlin

Queridos todos,

Como muchos sabéis, la madre del Gremlin, en sus ratos libres, es boticaria y se dedica hacer cosas medio serias.

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Enfundada en mi bata de cola (blanca) y saliendo a la palestra cada día (y algunas noches, que las guardias puntúan doble) he comprobado que la mayoría de la gente tiene las mismas dudas sobre los mismos temas. ¡Ah! Y que los mitos, leyendas y consejos de la vecina, suelen tener mejor aceptación que la llamada «evidencia científica».

Hoy en día, «la vecina» ha evolucionado mucho. Ha adelgazado hasta convertirse en etérea y tiene un nombre muy raro: «internet». Si la frase «es que lo he leído en internet» ya te pone en alerta cual lemur en la pradera, aquello de «es que lo he leído en un foro» provoca la roncha súbita. Porque en internet puede escribir cualquier indocumentado y resultar convincente. Hasta la madre de un Gremlin, no digo más.

Así pues, desde hoy tengo un blog medio serio para hablar «de salud, nutrición y otras pócimas». Y digo medio serio porque intentaré quedarme a mitad de camino entre el soporífero jeroglífico de jerga médica y el «sucedido» de la prima de Sheyla_77. Veremos lo que sale.

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Para arrancar, cinco secciones:

De todo como en botica: Patologías surtidas, promoción de la salud,  breaking news y alertas fatales

El Bálsamo de Fierabrás: Compendio de antídotos, brebajes, ungüentos y elixires de juventud varios.

La Oficina del Estómago: Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago (El Quijote, capítulo XLIII)

Pequebotica: Información en dosis pediátrica. Porque todos somos primerizos hasta que se demuestre lo contrario.

El Im-Paciente: Sucedidos de carácter peripatético. Dislates en general.

Agradecimientos, hasta el infinito y más, al artista de mi tío Migue por diseñar la cabecera (no sólo por su arte, sino también por su paciencia y cariño, soy consciente de lo cansina que puedo llegar a ser), a todos los que habéis estado ya en la rebotica por el apoyo(especialmente a Mónica que lleva un año haciendo de Pepito Grillo), y por supuesto, al Padre Gremlin, por luchar contra la máquina hasta dejarme todo apañado y, fundamentalmente, por no mandarme a la porra con el segundo blog.

Un beso a todos,

Madre Gremlin/Boticaria García

PD: Por si hay algún malpensado, el blog del Gremlin no se cierra. Ni de coña.

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La Viñeta (LXIV): El Gremlin y Mercadona

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No me gusta Mercadona. Ya, ya se que ellos lo hacen por mi bien. Por si acaso me confundo, ya están ellos para elegir los productos que más me convienen. Siempre a precios bajos. Y agradezco sinceramente su preocupación, pero yo prefiero que no me quieran tanto. Soy así de arisca, qué le vamos a hacer.

No, no crean ustedes que les cogí tirria por aquel asunto de las cremitas aliñadas con guarrerías, no. Resulta que tengo motivos más que sobrados para pensar que también introducen droga en la comida. Yo misma confieso una preocupante adicción a sus cereales rellenos de chocolate desde aquella tarde en la que una prima de mi marido y yo nos bajamos una caja entera al volver de esquiar. Mano a mano, sin querer. Una cosa es que las mujeres necesitemos glucosa para arreglar el mundo y otra mutar en rumiante de noche a la mañana.

Esta tarde tocaba reponer las reservas federales y para suavizar el trance me he llevado al Gremlin. Le he montado en el carrito y nada más cruzar la puerta ha repetido cual guacamayo esa cancion del infierno que suena por megafonía. No sólo la ha repetido, sino que la ha interiorizado como un mantra.

A partir de ahí, el recorrido ha sido bucólico pastoril, con el Gremlin extasiado comentando cada lineal y añadiendo frases indescriptibles como «mamá, compra fresas que son rojas y preciosas»,  «por favor coge agua para el biberon de la Tamagochi», «no, no quiero gusanitos pero compra sopita».

Al llegar a la caja, sentado desde el carro de la compra, ha ayudado a colocar los artículos sobre la cinta y, tras despedirse efusivamente de todo el personal, ha salido por la puerta tal y como entró, tarareando la alienante cancion.

Ni en el zoo, ni en el teatro, ni siquiera con la impresentable de Dora, he visto a mi hijo disfrutar tanto como hoy en el Mercadona. Y mucho menos portarse tan bien. Olvidaos de los Saturday Morning Plans porque a partir de ahora lo tengo claro. Lástima que con esas estupendas políticas de conciliación no abran los domingos.

Confirmada queda pues mi hipótesis sobre que en Mercadona meten droga en las cosas. Hasta en el aire que se respira. No se libran ni los niños. Id con cuidado.

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Saturday Morning Plan (XII): Parque El Capricho

ACLARACIONES PREVIAS SOBRE EL PARQUE EL CAPRICHO:
1- Aunque el nombre incluye la palabra «parque», El Capricho no es un lugar GF (Gremlin Friendly) en el amplio sentido de la palabra. En la puerta hay una suerte de aduana, tornos incluídos, en la que vuestros churumbeles serán desposeídos de toda arma peligrosa, a saber, triciciclos, patines o pelotas así como de cualquier sustancia tóxica: bocatas de nocilla, patatas fritas y guarrerías varias. La lista de prohibiciones en la entrada acojona.
2- Que nadie se crea hipster por ir allí. Hay una delgada línea entre «joya oculta» y «secreto a voces». Tras los patos del estanque, la segunda especie autóctona es la del dominguero con cámara réflex, chaleco multibolsillo y pantalones caqui de Goretex (me maravilla esa capacidad de la gente para verstirse como en Kenia en el mismo distrito de Barajas). Para terminar de espantar a los modernitos, la tercera especie en discordia es la de «la niña vestida de comunión» acompañada por la madre, la abuela, y el fotógrafo «profesional» arrastrando el parasol plateado.
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Ese bulto blanco al fondo se llama «Estefany» y se llevó una colleja por arrastrar los bajos (hace «la comunión» el uno de junio y va a ir hecha unos zorros).

La bonita y muy resumida historia del parque

En 1784, doña María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel, Duquesa de Osuna, convenció a su marido para comprar 14 hectáreas de terreno a las afueras de Madrid y montarse un extravagante parque temático para el uso y disfrute de su familia.

La señora, además de dinero, tenía buen gusto, así que en lugar de montarse un Parque Europa cualquiera, contó para el diseño con los mejores escenógrafos de la época incluyendo a un famoso jardinero de la corte francesa y a un teatralista italiano. Para las «atracciones y shows» de turno, como buena mecenas que era, tiró de sus artistas de confianza como Goya, Moratín o el músico Boccherini.

Los Duques y sus nenes pintados por Goya.

Los Duques y sus nenes pintados por Goya.

La decadencia de El Capricho llegó tras ser heredado el parque por un nieto tan vividor como manirroto que decidió fumarse la herencia de los abuelos. En una subasta pasó a manos de unos banqueros alemanes que tampoco supieron levantar el jardín.

Llegó la Guerra Civil y el jardín tomó un inesperado papel protagonista. Se convirtió en Cuartel General del Ejército del Centro (con el nombre en clave «posición Jaca») y albergó un búnker que actualmente cuenta con su propia plataforma de fans para la apertura al público. Más info y fotos aquí.

En los años 60 y 70 el parque tocó fondo. En estado total de abandono, el primero que pasaba por allí se iba llevando a su casa los pocos ornamentos que quedaban. En 1974, cuando servía como plató de películas del oeste y ante un amenazante proyecto de reconversión a complejo hotelero, pasó finalmente a manos del Ayuntamiento de Madrid. En 1999 comenzó su recuperación y en la actualidad es el único jardín romántico que hay en la ciudad.

¿Cuáles son los caprichos del parque?

La Casa de la Vieja. Los románticos con dinero tenían un puntito muy snob que les llevaba a querer rodearse de elementos cotidianos de las clases sociales bajas. La Duquesa mandó construir esta Casa de la Vieja en la que instaló dos autómatas (tan de moda en la época) que simulaban una pareja de labradores en sus labores. Casi nada.

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Ermita. Por si lo de los autómatas no era excentricidad suficiente, la duquesa contrató a un hombre para que, a cambio de su manutención y alojamiento, se conviertiera en el «ermitaño oficial» del parque. El acuerdo incluía el aspecto de guarro, la actitud de loco y todos los atributos correspondientes. Cuando murió, no debieron encontrar reemplazo y ¿adivinan ustedes? se colocó otro autómata en su lugar.

Lago. Con sus patitos y todo. Una monada con cierto aire salvaje.

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El Fortín. Con cañones, foso, y lo que hiciera falta, se construyó con el único fin de que el duque jugara con sus niños. Ríete tú del fuerte de Playmobil. No somos nadie.

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El laberinto. Supongo que fue lo primero que pidió la duquesa. Al fin y al cabo el jardinero venía de Versalles. Desde el decadente banco se puede ver el laberinto y las horas pasar. Para volver otro día con un libro y sin gremlins.

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Plaza de los Emperadores. Delirios de grandeza del Duque en honor a su abuela. Ocho esfinges de plomo rodean la exedra en la que en su día hubo un busto de bronce (siempre hubo clases) de la duquesa. El busto de doña María Josefa, por cierto, voló.

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Jardines. Aunque convive junto al jardín francés y el giardino italiano, en El Capricho predomina el estilo de jardín paisajista. Triunfan los senderos intrincados junto a cierto aspecto selvático y agreste. Sin conservantes ni colorantes. Sin duda, se trata de un conseguido efecto despeinado con más trabajo previo que el look de un indie en un concierto de Love of Lesbian. La espontaneidad hay que ensayarla, señores.

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Un buen lugar para explicarle al Gremlin la existencia de «los diminutos» y los duendes que habitan los árboles.

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Esta foto, con niños de verdad, gana bastante

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El Gremlin, por fin, se reencontró con la primavera.

Y más, muchísimo más… un casino de baile decorado con espejos en su interior, un edificio construído para poder observar tras sus cristales la actividad de las abejas que lo habitaban, la fuente de las ranas, el palacio de los duques, una plaza de toros, el templete de Baco… en definitiva, un conjunto que merece la pena cuidar no sólo por su belleza, sino por el valor histórico y las mil y una leyendas que encierra.

Para rematar el plan, unas cañas en el bar del camping que hay junto al parque (terraza incluída). Más por menos, queridos y queridas, es muy difícil.

Algunos links de interés:

Información general y horarios: http://www.esmadrid.com/es/portal.do?TR=C&IDR=877

Artículo del El País: http://elpais.com/diario/2001/07/03/madrid/994159471_850215.html

Documento de la plataforma pro-búnker: http://es.scribd.com/doc/120806446/Bunker-de-El-Capricho-Propuesta-para-un-Dia-de-Puertas-Abiertas

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La Viñeta (LXIII): Tontunas en cuarentena

maxguarde                                         Mamá… ¿no crees que exageras un poco?

Hoy, en la puerta de la guarde, ha aparecido El Gremlin blandiendo al peluche Max como trofeo y a su seño detrás diciendo «¡Qué suerte! ¡Os toca pasar el finde con Max!».

¿Quién empezo este despropósito? ¿QUIÉN? ¿A quién le pareció mega guay que un peluche piojoso, sucio y asqueroso debía ir rotando de casa en casa como la falsa moneda cada fin de semana? ¿Y POR QUÉ A TODAS LAS GUARDERÍAS DEL MUNDO LA IDEA LES PARECIÓ FANTÁSTICA Y DECIDIERON COPIARLA?

¡Ojo! Y con unas instrucciones muy claras: Max nos tiene que acompañar allá donde vayamos y tenemos que hacerle fotos porque «es muy importante». ¿Muy importante para qué? ¿Para coger la tiña?

Y no me digáis que exagero. Concretamente en mi casa La Tamagochi luce unos mocos viscoelásticos que da gloria verlos, y en cuanto despierte de la siesta y se percate de la presencia de Max, no hace falta que os cuente qué sucederá. Y lo mismo con las babas del perrito o el gatito de turno.

Que no, no me intentéis convencer, me da mucho asquete y no veo necesidad. Max está en cuarentena y hasta el lunes por la mañana no saldrá de su atmósfera controlada. La próxima vez, que roten algo de plástico duro, lavable e impermeable, y hablamos.

Feliz fin de semana.

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Blogs de garrafón

Como cada cierto tiempo, ayer ocurrió uno de estos «sucedidos» que mantienen vivo el patio de vecinas de twitter (y no, esta vez Estivill no ha tenido la culpa, lo siento).

El resumen: alguien ha mantenido una farsa durante dos años en las redes sociales y en la blogosfera maternal, simulando la identidad de una madre con una hija que no existe. Como suele suceder en estos casos, finalmente la han pillado en un renuncio y se ha descubierto el pastel.

Entre el respetable, primero la sorpresa, luego la indignación y finalmente el miedo «estoy por dejar el 2.0…, cualquiera se fía». Twitter encendido con comentarios feroces. Y yo me pregunto ¿en serio nos rasgamos las vestiduras ante algo así? Señoras mías del patio de vecinas, relájense…

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Lo de que «internet es peligroso» es un clásico popular tan conocido como el de que «en la puerta del colegio reparten caramelos con droga». La diferencia es que aún no he visto un caramelo con droga en mi vida (aunque los de mora son adictivos), y sin embargo, casos de suplantación de identidad en internet ocurren cada día. Y la policía no se cansa de retuitearlo, por cierto.

Las redes sociales y los blogs multiplican exponencialmente nuestras posibilidades de interacción con las personas y nuestra «presencia en el mundo». Y al igual que facilitan conocer gente afín a nosotros, gente que difícilmente encontraríamos en nuestro entorno 1.0, también nos dejan más a mano de «los malos» o de «los locos» que no viven en nuestro barrio.

En teoría decidimos qué grado de exposición queremos tener. Obviamente no es lo mismo llamar a tu hijo «Gremlin» y fotografiar un muñeco en «El Más Allá», que poner una foto de Pedrito con la localización geográfica de twitter activada. Sin embargo, que nadie se engañe. No poner fotos personales y utilizar pseudónimos sirve para evitarnos algún susto ocasionado por algún cafre con muy mala leche. Pero si alguien se obsesiona contigo y  quiere encontrarte, lo más probable es que lo consiga. Por muy anónimo que tú te creas.

Las palabras se las lleva el viento, pero la «huella digital» no. Todo lo que escribimos en twitter, en facebook o en el blog, es susceptible de ser capturado al instante. Siempre se llega tarde para el arrepentimiento porque nuestras palabras han ido por delante y luego nos persiguen. O nuestros números, que se lo digan a Paula Vázquez.

De los que estén muy seguros de sí mismos y piensen «esto a mí no me pasaría», vendrán los que mañana afirmen ufanos que «mi hijo va de botellón con sus amigos, pero él no bebe». A todos nos pueden engañar, y las madres primerizas, buscadoras natas de empatía, son un blanco fácil. Cualquier persona con un mínimo de inteligencia, mucho tiempo libre y cierta dosis de maldad puede analizar tu blog, recopilar tus tweets, y con toda esa información, intentar convertirse en tu muy mejor amiga.

En realidad, si no pasan más cosas,es porque «los locos» ya están suficientemente entretenidos con la fauna y flora de foroenfemenino y a «los malos» les interesan poco o nada nuestras trepidantes vidas de madres blogueras.

Cada cual sabrá lo que tiene que hacer en su TL. El beneficio/riesgo en este caso es un binomio muy personal. En mi caso descubrí el 2.0 y los GTs a la vez, y aplico el mismo criterio para ambos. Los GTs me gustan, me divierten e intento que sean de los güenos (aunque tampoco necesito premium ni mariconadas) pero si de vez en cuando me cuelan garrafón, me tomo un ibuprofeno, y no armo un drama. Si acaso, la próxima vez me pido whisky, que es lo que realmente me gusta.

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Las tapas de los yogures y otros oscuros objetos de deseo

Ayer por la mañana vi un anuncio en TV de Minibabybel en el que se mencionaba a bombo y platillo el regalo de unas «aguaeras» de papel (también conocidas por gente más fina que yo como el «juego de los picos», o el «comecocos»).

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«Aguaeras» de papel.

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«Aguaeras» de toda la vida (o aguaderas para los de capital)

 

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aguaera fina

Por si alguien no pilla la metonimia, si le das la vuelta a la «aguera» de papel, se asemeja a las rústicas. Un poco rebuscadillo es, lo reconozco.

Recuerdo perfectamente el día en que nos enseñaron a hacerlas en 5º de EGB y a la «señorita» que nos explicó el significado de la palabra papiroflexia (las trendy mothers no existían y eso del «origami» ni siquiera sonaba a japonés).

Por aquella época, con los yogures regalaban unos rotuladores mágicos que eran una pasada. Y con las magdalenas, unos relojes de plástico de colores que por alguna extraña razón me volvían loca.

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Las horas que habré metido yo a estos trastos… y digo horas, porque nunca se me han dado bien.

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Un rotulador verde que se transformaba en rosa ¿por qué no se puede comprar eso hoy en día? LO MÁS

 

 

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Si con 8 o 10 años me hubieran dicho que el regalo por comerme un quesito iban a ser unas «aguaeras» me habría entrado la risa floja y hubiera preguntado por el regalo «de verdad», ¿quién querría un regalo de algo que podía hacer uno mismo en dos patadas a coste cero?

Sin embargo, es posible que hoy en día a esos niños que sólo usan sus deditos para pulsar pantallas táctiles este despropósito les resulte atractivo. Y que se sorprendan viendo como un pedazo de papel coloreado y garabateado puede competir (al menos en entretenimiento y diversión) con la más sofisticada app de preguntas y respuestas.

Al fin y al cabo, hoy con las tapas de los yogures ya no regalan magia a los niños, sino unos códigos alfanuméricos con los que, con suerte, sus progenitores pueden aspirar a una plancha del pelo o un aspirador portátil para coche pagando aproximadamente lo mismo que les costaría en una tienda (y sumándole los gastos de envío). Ah, y cupones descuento, tan útiles como prosaicos.

Conclusión: Ya no se hacen tapas de yogures como las de antes, y a este paso, infancias tampoco.

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El novio de mi marido y yo: una tarde en la azotea.

Esta tarde, sin verlo venir, me he llevado la PRIMERA SORPRESA cuando he visto una llamada entrante con la siguiente foto y el nombre del «novio de mi marido» (recordemos, el albañil que con mucho amor nos está haciendo la reforma):

paleta

Le he puesto esta foto de avatar, por entretenerme.

– Señora, estoy en la puerta de su casa. Me dijo su marido que viniera a ver sus máquinas de aire acondicionado para ir preparando la instalación en la casa nueva.

Dejar de trabajar, llamar al Padre Gremlin para darle dos voces y coger el coche para presentarme en la puerta de casa ha sido todo uno. ¿Desde cuándo una mujer tiene que subirse al tejado para enseñar máquinas de aire acondicionado a nadie? Y sobre todo: ¿cómo coño se sube al tejado de mi edificio?

En la calle me esperaba el novio de mi marido, pito en boca y acompañado de un armario empotrado de dos por dos con cara de rumano.

La SEGUNDA SORPRESA ha llegado ante la escalera del tejado, donde resulta que «por seguridad» habían instalado una puerta metálica con una cerradura «de triángulo».

– ¿Y ahora con qué abrimos esto? -dijo el armario- ¿No tendrá usted una llave triángulo en casa?

– Pues mire, no, llaves allen tengo para montar un puesto, pero de triángulo ninguna. En cualquier caso… esto no mide más de un metro veinte… si quiere subo una escalera y lo saltamos (esto último no sé muy bien por qué lo he dicho, me han mirado como si estuviera loca).

Ante el panorama, hemos bajado a mi casa en busca de la caja de herramientas, entendiendo por «nuestra caja de herramientas» estos estuches naranjas de Ikea a 6,99€.

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La TERCERA SORPRESA ha sido al entrar en casa. El Gremlin y La Tamagochi han salido corriendo «supuestamente a mi encuentro» pero me han hecho una finta para lanzarse a los brazos del novio de mi marido. No lo habían visto en su vida. O eso pensaba yo, porque lo acontecido me ha dado que pensar. Los dos niños abrazados a él, y él con las rodillas en tierra feliz, acariciando sus rizos, y mirándome con condescendencia como diciendo: «no te preocupes, en el fondo a ti te quieren más».

Lágrimas desconsoladas del Gremlin cuando nos hemos ido con la «caja de herramientas» (y la escalera, por mantener mi palabra). El eficiente del novio de mi marido ha conseguido abrir la puerta con un destornillador y hemos subido la escalerita final para encontrarnos con la CUARTA SORPRESA: la llave del portal que según me aseguró mi marido «es la misma que la de la azotea, no te preocupes», ha resultado NO SER LA LLAVE DE LA AZOTEA

Llegados a este punto yo ya he empezado a sentirme bastante gilipollas.

– Mire a ver si puede abrir usted… que igual tiene más maña (le he dicho a sabiendas de que la llave no abría ni de coña, mientras con la otra mano sacaba el móvil para llamar a mi marido).

– Padregremlin, «la llave maestra» no es tal, y tu novio y yo estamos empezando a ponernos un poco nerviosos. ¿Tienes a mano el número del presidente de la comunidad?

– Cariño, ahora mismo no puedo atenderte porque llevo puestos los calzoncillos rojos y la capa de superman y estoy salvando al mundo. Pero en cuanto termine y me aplauda toda la sala de cine, me pongo las gafas de pasta y te llamo.

A todo esto, la escena transcurría en la intimidad de lo alto de una escalera, donde el novio de mi marido, el armario empotrado y yo compartíamos exactamente éste espacio:

escalera

Abandonada a mi suerte por mi marido, he localizado en google el teléfono del administrador de fincas y, aunque estaban a punto de cerrar, le he hecho jurar por su madre que me esperarían para darme la llave.

– Eso, usted vaya a buscar las llaves donde sea que nosotros mientras tanto bajamos a su casa a devolver la escalera y de paso juego un rato con los niños.

Venga… vale… ¿¿por qué no?? ¡Si total ahora tengo clarísimo que quiero divorciarme y este hombre se va a convertir en su padre!

Media hora después, una vez he regresado con la verdadera llave, hemos conseguido acceder a la azotea donde la QUINTA SORPRESA era que sólo había tres máquinas de aire acondicionado y ninguna parecía la nuestra:

– Cariño, me da igual que estés salvando el mundo, si quieres salvar tu cuello no me cuelgues y dime que nuestras máquinas son Daikin.

– No, son Fujitsu.

– Guay, pues nos las han robado.

daikin

Le mandé esta foto al whatsapp
– ¿¿Estás seguro de que no son las nuestras??

Mientras el Padre Gremlin se hacía caquita en los calzoncillos de Superman, y mi cara de gilipollas iba en aumento, el novio de mi marido, a la sazón el hombre más eficiente del mundo, había abierto una puerta y estaba cruzando hacia otra terraza con una sonrisilla maligna bajo el bigote como diciendo esta vez: No entiendo como mi novio se pudo casar con esta mujer tan inútil… con lo listo que soy yo.

En la otra terraza nos esperaban nuestras máquinas Fujitsu. El armario y el novio de mi marido han comprobado un par de cosas durante unos treinta segundos y se han girado diciendo:

-Ya está, no se preocupe, el sábado venimos a por las máquinas.

– ¿¿El sábado??

– Claro… ¿no insiste usted en que quiere hacer la mudanza para finales de mayo? Pues cuanto antes nos las llevemos mejor, porque total, ahora no hace calor y usted no las usa.

Y aquí es cuando he escupido sobre el día en que le dije al albañil que nos queríamos mudar a finales de mayo (para que aligerara la obra) cuando en realidad no nos interesa cambiar de casa hasta septiembre. Eso por listilla y por mentirosa. Castigo divino. No va a haber abanicos suficientes para quitarme las ronchas este mes de julio.

Novio de mi marido 1- Madre del Gremlin 0

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La Viñeta (LXII): El Gremlin hasta los huevos

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Hasta los huevos de Pascua, se entiende.

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